En África, la transición energética promete un futuro más limpio, pero su coste se paga lejos de los focos, en países como Guinea Conakry. Se trata del primer productor mundial de bauxita, un mineral clave para fabricar aluminio y sostener tecnologías verdes como los coches eléctricos o las turbinas eólicas. Aunque Guinea, gobernada por un régimen militar desde 2021, concentra un tercio de las reservas globales, las comunidades cercanas a las minas apenas reciben beneficios y soportan contaminación, desplazamientos y falta de oportunidades.
