Lejos del levantamiento popular que Washington y Tel Aviv dicen querer provocar con sus incesantes ataques, los ciudadanos iraníes describen una cruda realidad de edificios destruidos, calles prácticamente vacías y dificultades para hallar un lugar seguro frente a las bombas estadounidenses e israelíes. Con la vida paralizada, muchos ciudadanos se ven afectados por cortes de internet y servicios básicos, el temor al desabastecimiento y un incremento de los controles de las fuerzas del régimen.
