Lewis Hamilton, el piloto más ganador de la Fórmula 1, comenzó la temporada con una exultante proclama: Ferrari tenía en él y Charles Leclerc a la “pareja más fuerte de la historia” de este deporte. Catorce carreras después, su circuito favorito, el del Gran Premio de Hungría, le arrancó palabras más amargas, al declararse “inútil” y sugerir que la escudería debería buscarse otro piloto. Así se ha desplomado la aclamada sociedad entre Hamilton y Ferrari.
