Desde los primeros ataques de Israel contra Irán, el viernes 13 de junio, el presidente estadounidense parece estar en una situación incómoda y dividido por un dilema. ¿Debe entrar en guerra y apoyar a su aliado israelí para acabar con el programa nuclear iraní o, por el contrario, evitar a toda costa la implicación directa de Estados Unidos en el conflicto?
