En la Plaza San Pedro, una multitud jubilosa vitoreó y aplaudió cuando el humo blanco comenzó a apreciarse sobre el techo de la Capilla Sixtina. “¡Viva el papa!”, coreaba la multitud bajo un sol radiante. “¡Tenemos Papa!”, decía un cartel en alto. Pronto el mundo conoció el nombre del nuevo pontífice: León XIV.
