Donald Trump está decidido a adquirir el territorio semiautónomo de Groenlandia, perteneciente a Dinamarca, «por las buenas o por las malas». Una actitud que ha provocado un cisma entre sus aliados europeos, quienes defienden que la isla debe decidir su futuro de forma independiente y que «no está a la venta». Lo cierto es que Trump no es el primer presidente estadounidense en plantear una anexión de este territorio, valioso para los intereses de Washington por su ubicación geoestratégica para la seguridad y sus abundantes recursos minerales.
