Hilda Horovitz, expareja de Oscar Centeno, el autor de las anotaciones que originaron la causa de los Cuadernos de las Coimas, declaró durante más de seis horas como testigo en el juicio oral, hasta que el tribunal debió suspender la audiencia porque la mujer se descompensó y no logró recomponerse.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!En su declaración, Horovitz sostuvo que hizo copias de aquellos registros de manera furtiva y se las entregó a Miriam Quiroga, una exsecretaria de Néstor Kirchner.
Dijo, además, que fue “testaferro” del chofer −con quien convivió durante una década− y que el exfuncionario kirchnerista Roberto Baratta, exjefe de Centeno, acusado de haber sido uno de los recaudadores de los pagos, “hizo desaparecer” escritos y anotaciones de Centeno.
También relató que Centeno le mostró un bolso y le explicó cuánto dinero podía entrar allí, según el modo en que se acomodaran los fajos.
En el último tramo de la declaración, se le exhibieron mensajes que la mujer le envió al funcionario Baratta en 2017, en los que lo extorsionaba pidiéndole dinero, amenazándolo con que contaría todo lo que hacía con su expareja Centeno.

Horovitz fue lentamente perdiendo su voz, a pesar de mantener durante casi toda la audiencia un talante firme, por momentos combativo, que solo modificó cuando rompió en llanto, al recordar a su padre adoptivo.
Después de eso, el tribunal le otorgó unos minutos, pero la mujer nunca consiguió sobreponerse y la declaración se suspendió. Pocos minutos después de las 16, Horovitz fue retirada en silla de ruedas por el SAME, que le hará un chequeo cardiológico, según fuentes del tribunal.
Durante su declaración, la mujer volvió sobre algunos episodios de violencia que dijo haber vivido con Centeno, con quien, pese a haber convivido durante tantos años, mantenía una “mala relación”.
La declaración
“¿Vio los cuadernos?”, le preguntó al inicio de la declaración la fiscal Fabiana León. “Sí, cuando junté los papeles que le di a Miriam Quiroga”, respondió, en alusión a la exsecretaria de Néstor Kirchner, que también debe declarar en el juicio.
“Quiroga se los dio a Baratta y los hizo desaparecer, los quemó, los tiró, no sé qué hizo con esos papeles”, dijo Horovitz al comienzo de su declaración, aunque luego aclaró que se enteró de esto último por chats de Baratta que vio en publicaciones periodísticas.

Horovitz se refirió a las anotaciones de Centeno de forma genérica como “papeles, libretas y carpetas” que el chofer guardaba en un ropero de su casa, según describió. Afirmó haber realizado copias de esos documentos y dejado los originales en su lugar, para cubrirse.
Dijo que le confió esas copias a Quiroga porque ella había elevado su perfil público en entrevistas con los medios, aunque no precisó cuál de todos los registros de Centeno fue el que efectivamente le dio. En ese momento, ella buscaba darle publicidad al material.
“Él [por Centeno] siempre anotó todo. Cuando le compraba zapatillas a los hijos, un pantalón o lo que fuera, cuando iba a cargar nafta”, relató.
Respecto de los cuadernos en particular, y en línea con lo que había declarado durante la instrucción, la mujer dijo que el chofer realizó las anotaciones “por si lo dejaban sin trabajo”, aunque afirmó que nunca presenció cómo los escribía.
“Todo tiene que ver con todo”, repitió en distintos tramos, sin ahondar en la idea.

Horovitz afirmó que durante un tiempo fue una de los “testaferros” del chofer Centeno. “Él usó mucho mi nombre para hacer cosas”, señaló, y agregó que en ocasiones “le truchaba la firma”. Recordó que el hombre solía quejarse por las “migajas” que le daba su jefe Baratta −de quien era chofer en el ministerio de Planificación−, pero describió también en su relato que el hombre compró con esas “migajas” una flota de autos, departamentos y dos casas, una de ellas en la provincia de Salta, para su madre.

“Te compraste el departamento, autos, la casa de Olivos que la hiciste a nueva”, le decía Horovitz a Centeno para intentar acallar sus protestas, según recordó hoy la mujer ante el propio chofer, presente en la sala Auditorium de Comodoro Py, y los jueces del Tribunal Oral Federal 7, a cargo del juicio en el que se juzga una presunta red de sobornos que se extendió durante los tres mandatos del kirchnerismo.
Horovitz, que fue perdiendo la voz a medida que avanzaba en su declaración, contó que vivió cerca de un año en un inmueble que le facilitó Centeno en Ezeiza −“Me armó todo un departamento en Ezeiza”, dijo−, pero que como se sentía sola y debía viajar muchas horas para ir a trabajar, le pidió que le consiguiera algo en la Capital.
“Me costó, pero me lo consiguió”, sostuvo, en alusión a un departamento sobre la calle Catamarca, en el barrio de Once, que quedó a su nombre.
También declaró que el chofer le gestionó, en 2011 y a través de Baratta, un trabajo en la Secretaría de Energía bajo las órdenes de Juan Marcelo Vargas, del que la echaron luego de formular en 2017 una denuncia en la causa de Gas Natural Licuado, expediente que después formaría parte del universo judicial de los Cuadernos.
Mencionó que Jorge Bacigalupo, el policía que le entregó los cuadernos al periodista Diego Cabot, era otro de los “testaferros” de Centeno, porque uno de los vehículos que compró Centeno fue puesto a su nombre. Describió, además, unas pocas operaciones en las que simuló junto a Centeno distintos préstamos de dinero entre ambos.
Los bolsos
La mujer habló de mala gana sobre su relación con Centeno, a quien dijo que quería perjudicar por todo lo que le hizo. Calificó el temperamento del chofer como “variable”, dijo que los fines de semana tomaba alcohol, que era celoso −“Llegó a pensar que salía con su hijo”, recordó−, y mencionó que en ocasiones explotaba y la agredía. “Me cagó a trompadas, me dio una patada en el pecho”, gritó en un tramo de su declaración, cansada de las preguntas acerca de su intimidad con el chofer.

Se remitió a un episodio puntual en que Centeno, “picado” por los efectos del alcohol, según dijo, le mostró un bolso y le enseñó cuánto dinero cabía en él, según el modo en que se colocaran los billetes.
En una de sus visitas previas a Comodoro Py, la mujer entregó dos bolsos a la Justicia, uno azul y otro negro, que había utilizado para realizar sus mudanzas. Hoy le fueron exhibidos.

Decidió deshacerse de ellos, dijo con un hilo de voz, por temor a quedar involucrada en la maniobra, por lo que se los entregó al fiscal que instruyó el caso, Carlos Stornelli.
Luego el Tribunal le exhibió diversos mensajes que le envió a Baratta en tono extorsivo, recuperados del teléfono del funcionario y correspondientes muchos de ellos a los primeros meses de 2017.
“Que me deposite 2000 por mes y estamos todos tranquilos”, dice en uno, o “Esto es como el dominó, cae una y caemos todos”, o “Espero no tener problemas con el departamento de Ezeiza”, decía en otro mensaje.
Por el contenido de algunos de esos mensajes, más de una defensa pidió que se le recordara a la testigo que podía negarse a declarar sobre hechos que pudieran autoincriminarla.
Cuando le enseñaron un audio suyo en el que hacía referencia a “negrito”, su padre de “crianza”, la mujer se quebró y nunca pudo recomponerse.
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