La balanza comercial le sigue dando buenas noticias al gobierno de Javier Milei que exhibe con orgullo un abultado colchón de dólares proveniente de los hidrocarburos y el agro, con números que hacen recordar a los que, dos décadas atrás, mostraba el modelo económico del kirchnerismo.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!Las cercanías no son ideológicas, pero desde ambos lados de la política se habla del sostenimiento de superávits “gemelos” y, aunque el sustento económico de ambos tiene diferencias, puede hacerse la pregunta de si en la actualidad, el país está viviendo un nuevo “viento de cola” para sus cuentas públicas.
Del “yuyo” a las “piedras”
Luego de la crisis del 2001, pero en particular desde 2003 en adelante, el kirchnerismo logró hacer crecer la economía “a tasas chinas”, canceló su deuda con el Fondo Monetario y reestructuró otra parte con acreedores privados.
Una parte de la ecuación se explicaba por las retenciones al agro, en particular a la Soja, que llegó a instalarse en valores superiores a u$s 600 por tonelada. Si se ajustaran esos precios por la inflación de los Estados Unidos, hoy serían cerca de 800 dólares.
Ni siquiera el conflicto por la 125 hizo perder competitividad a ese modelo, que se extendió con precios altos -y retenciones fijas- por lo menos hasta 2012.
Para ese momento, ya entrado el segundo gobierno de Cristina Fernández, los valores habían bajado y el país sufría una grave restricción energética.
Paradójicamente, allí se gestó, en parte, el escenario del que hoy se vale Javier Milei gracias a la nacionalización de YPF y el primario impulso a la exploración de Vaca Muerta.
Pero, para tomar dimensión, en 2008, aquel modelo agroexportador tuvo un superávit comercial total que arañó los u$s 16.000 millones.
Las estimaciones privadas muestran que, en 2026, el superávit tiene no uno, sino dos motores, uno en el agro que muestra un desempeño alto y que se suma a los hidrocarburos.

La soja no tiene los números de aquellos años, sino que muestra módicos 430 dólares por tonelada. Sin embargo, el complejo agroindustrial promete buenos rindes.
Mientras tanto, en el primer cuatrimestre del año, el complejo energético aportó un superávit de unos u$s 3.844 millones.
“Al impulso del precio del petróleo y mayores volúmenes de Vaca Muerta se destacó también el aporte de la minería”, señaló la consultora Suramericana Visión y agregó: “En abril, la balanza comercial registró un superávit de 2.711 millones, que se compara con un superávit de apenas 214 millones en igual mes de 2025.”
Los números se convierten en arrolladores: “Al descomponer el aumento que observaron las exportaciones respecto a abril de 2025 (+2.240 millones) se destacó el aporte de las manufacturas de origen industrial (+763 millones) y de combustibles y energía (+718 millones) que en abril totalizaron los 1.554 millones y alcanzaron un nuevo récord mensual para la serie disponible desde enero de 2024”
Así, el superávit comercial acumulado de enero a abril ya representa algo más del 70% de todo el saldo de 2025 (11.320 millones) y permite proyectar el año 2026 con un superávit que podría superar los 16.000 millones. Si esa estimación es correcta, se estaría en números muy similares a los de 2008, en auge kirchnerista.
En ese contexto, el impacto de Vaca Muerta en las estadísticas de comercio exterior es notorio, ya que el complejo energético aportó un superávit de unos 3.844 millones, cerca de la mitad del superávit del primer cuatrimestre del año.
“Desde que Argentina logró equilibrar su balanza energética en el año 2023 el impulso del complejo Vaca Muerta ha sido creciente y su contribución a las exportaciones totales sigue aumentando y a punto de alcanzar los máximos históricos de dos décadas atrás (cuando el complejo sojero recién iniciaba su desarrollo y generaba un volumen de exportaciones similar a combustibles y energía)”, señala la consultora que dirige el exministro de economía Martín Guzmán.
Aun cuando el complejo energético todavía no tiene el mismo peso relativo que llegó a alcanzar el complejo sojero durante el auge de los commodities agrícolas, los montos de superávit comercial proyectados para 2026 ya empiezan a acercarse a los del pico exportador de fines de los 2000.
Así como a comienzos de siglo la compra de comodities por parte de China hizo crecer el comercio argentino, por estos días la guerra en medio oriente, con medidas como el cierre del estrecho de Ormuz mantienen los precios del crudo en niveles altos, lo que beneficia la exportación del complejo neuquino. Cuanto más se extienda ese escenario, más atractiva la exploración de nuevos yacimientos.
Los años kirchneristas dependía principalmente de los precios internacionales de los granos y de la demanda china, mientras que el actual se sostiene sobre una expansión física de producción energética y exportadora que se mantiene y que difícilmente quede trunco por una baja de los precios.
La pregunta va más allá del viento, si existe o no. Sino más bien cuál es la forma de aprovecharlo.
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