Tres años después del asesinato del ex primer ministro Shinzo Abe, Tetsuya Yamagami se declaró culpable ante un tribunal de Nara. El magnicidio, cometido con una aparente arma casera en en Japón, país con algunas de las leyes de control de armas más estrictas del mundo, desencadenó una revisión profunda de su legislación.
