Hace cincuenta años, la caída de Nom Pen, la capital de Camboya, ante los Jemeres Rojos, marcó el inicio de un genocidio que dejó hasta dos millones de muertos. De los 600.000 camboyanos que huyeron del horror, varias decenas de miles encontraron refugio en Francia. ¿Qué queda hoy de su memoria y la de sus hijos?
