El 9 de agosto de 1965, Singapur se convirtió en una ciudad-Estado independiente. A pesar de carecer de recursos naturales, ahora rivaliza con algunas de las naciones más grandes del mundo. La clave de su éxito: un puerto estratégico y atractivas políticas financieras que la han convertido en un imán para el capital extranjero. Pero esta prosperidad tiene un precio político.
