Apenas Laurent Saint-Cyr, un acaulaudo empresario, asumió el liderazgo de Haití, un conocido miembro de una unión de bandas criminales amenazó con derrocar al precario gobierno, en medio de críticas crecientes hacía la élite de la nación caribeña y la díficil gestión de la violencia de las pandillas que controlan la mayor parte de Puerto Príncipe, la capital.
