
Al hablar con El Economista, Domecq no muestra ningún apuro, ninguna necesidad de impresionar. Al contrario, parece alguien francamente feliz de estar donde está, reflexiona con calma sobre una economía que tantas veces definió su destino personal.
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Al hablar con El Economista, Domecq no muestra ningún apuro, ninguna necesidad de impresionar. Al contrario, parece alguien francamente feliz de estar donde está, reflexiona con calma sobre una economía que tantas veces definió su destino personal.
