Desde la caída de Bashar al-Assad en Siria, la comunidad alauita, a la que pertenecía el exmandatario, ha sido víctima de múltiples masacres. Aunque el Gobierno de facto asegura que respetará a todos los grupos minoritarios del país, los alauitas continúan denunciando acoso, extorsiones y episodios de violencia. Varios han huido del país o planean hacerlo.
