En Ballymena, Irlanda del Norte, violentos disturbios sacudieron la ciudad durante tres noches consecutivas. La Policía desplegó vehículos blindados y cañones de agua para controlar el caos. Los disturbios, marcados por incendios y daños materiales, se centraron en las comunidades inmigrantes, lo que dio lugar a acusaciones de ataques con motivos raciales. La violencia se produjo tras la detención de dos jóvenes de 14 años acusados de intentar agredir a un adolescente local, un caso que agravó aún más la tensión.
