Al menos 31 palestinos murieron por tiroteos del Ejército israelí en uno de los puntos de entrega de ayuda humanitaria de la fundación controlada por Estados Unidos e Israel. Desde su anuncio, organizaciones internacionales habían advertido que el plan de repartición era limitado, violaba las normas humanitarias y era peligroso, pero la fundación continuó con la entrega y asegura que ha operado con «normalidad».
