Tras la caída de Francia en 1940, el clero acogió al mariscal Pétain como un salvador. Pero, cuando comenzaron las redadas de judíos en el verano de 1942, pastores protestantes y clérigos católicos se manifestaron en contra de las deportaciones. Sus palabras rompieron el silencio de las instituciones y alentaron la Resistencia, mientras que escuelas y conventos abrieron sus puertas a los refugiados judíos.
