El legado de Mujica va más allá de las leyes o los indicadores económicos. Representó una forma distinta de ejercer el poder: cercana, sin adornos, basada en la ética personal. En un continente muchas veces marcado por la corrupción y la retórica vacía, su figura ofreció una alternativa creíble. Hablamos sobre el tema con Manuel Camilo González, magíster en ciencia política por la Universidad de Salamanca.
