La decisión de adoptar el nombre Francisco fue solo el comienzo de un pontificado novedoso. Inspirado en San Francisco de Asís, Jorge Mario Bergoglio buscó hacer que la Iglesia fuera «pobre y para los pobres», un principio transversal que marcó las relaciones internacionales durante su papado. La necesidad de conectar a la Iglesia con el mundo llevó al papa a realizar más de 40 visitas apostólicas y a pronunciarse sobre los conflictos mundiales.
