Desde que el papa Francisco asumió el papado en 2013, se mostró al mundo como un líder reformista y abordó temas complejos y sensibles para la Iglesia católica. Se vio obligado a referirse al abuso clerical y la pedofilia, expresando su «vergüenza». Trabajó por un cambio de cultura y por la reparación, y no dudó en destituir a algunos cardenales.
