Un total de 40 uigures que llevaban una década encarcelados en Tailandia, bajo la premisa de haber cruzado la frontera de forma irregular, fueron deportados a China. Pese a las peticiones de la ONU y de organizaciones de derechos humanos de que no procediera con la expulsión, Bangkok ejecuta así un acuerdo con Beijing de devolver a los migrantes.
