Los ataques a las plantas desalinizadoras, tanto de parte de Irán como presuntamente de Estados Unidos, representan un nuevo riesgo para los civiles. Las plantas transforman el agua de mar en agua potable y abastecen del líquido vital a miles de personas, lo que ha desatado críticas de Bahrein, atacado por Teherán, y prendido las alarmas en la región, que depende en gran medida de estas instalaciones industriales.
