Tras los ataques de EE. UU. e Israel que mataron al líder supremo iraní, los Guardianes de la Revolución prometieron venganza. En Jerusalén y Tel Aviv sonaron sirenas mientras Israel interceptaba misiles. Teherán atacó bases de EE. UU. en Irak y países del Golfo. En Qatar y Dubái se reportaron explosiones y humo.
