Sami Al-Sai fue detenido por Israel mientras ejercía su oficio como freelance. Nunca le informaron de los cargos ni tuvo acceso a un abogado. Durante 16 meses, cuenta que sufrió todo lo que ya han documentado organizaciones israelíes y palestinas, y hasta exhiben, en parte, el Gobierno y el sistema judicial israelíes: torturas, golpes, hambruna y abusos sexuales, que tienen lugar en sus centros y prisiones. Sin embargo, nunca imaginó tal nivel de agresión ni que enfrentaría el deber moral de contarlo. *El texto contiene descripciones de extrema violencia.
