Con los inventarios de combustible casi extinguidos y una presión cada vez más asfixiante por parte de Estados Unidos, Cuba está lista para entrar en estado de hibernación energética. Los apagones se han convertido en una especie de nueva normalidad en la isla, donde se improvisan braseros con viejos tambores de lavadoras, se planifican jornadas de teletrabajo y se arrancan puertas de madera para cocinar. Así se alistan dos millones de cubanos para resistir.
