Pocas veces la restauración de una pintura había provocado tanto escándalo. En Roma, un querubín con un rostro muy parecido al de la primera ministra italiana Giorgia Meloni atrajo a grandes multitudes a la basílica de San Lorenzo in Lucina. Sin embargo, tan solo cuatro días después de que estallara la polémica en la prensa, el rostro del ángel había desaparecido. Eso no fue una intervención divina, sino una orden de las autoridades eclesiásticas.
