Egipto es uno de los últimos países que imponen penas de prisión por deudas. Las principales víctimas son las llamadas «Gharimat»: mujeres con dificultades económicas que se ven obligadas a endeudarse. Ante la explotación de estas mujeres —a menudo viudas o madres solteras— por parte de acreedores sin escrúpulos, las asociaciones intentan ayudarlas a lograr la independencia financiera.
