Casi un año después de volver a la Casa Blanca, Donald Trump ha vuelto a sacudir la política exterior de Estados Unidos. Prometió decisiones rápidas, resultados visibles, hacer “Estados Unidos grande de nuevo” y terminar con las guerras eternas. En la práctica, su primer año deja un balance internacional complejo y contradictorio, marcado por cambios de discurso, diplomacia personalista y la tensión constante entre una visión estratégica enfocada en los negocios y una cuestionada improvisación.
