En el pueblo de Qunaya, en el noroeste de Siria, los habitantes celebraron un hito al encender su primer árbol de Navidad público en más de una década. El acto marca un punto de inflexión para la comunidad cristiana, que durante años no pudo conmemorar esta festividad debido al conflicto y a la opresión bajo control rebelde, incluida la presencia de grupos extremistas como Hayat Tahrir al-Sham. Tras 14 años de miedo y celebraciones en secreto, las familias vuelven a decorar sus hogares y sus iglesias, retomando sus tradiciones en un entorno más seguro y esperanzador.
