“Bolivia está enferma, la arrasaron como en la guerra”. Con este dramático diagnóstico, Rodrigo Paz justificó la decisión de eliminar el subsidio a los combustibles, que durante casi 20 años mantuvo anclado el precio de la gasolina y el diésel. La medida vino acompañada de un aumento de 20% del salario mínimo, que no acalla las críticas de aliados y adversarios, ni la amenaza de conflictividad social, pero sí ganó aplausos de EE. UU.
