
Hace ochenta años, las últimas tropas de las SS huyeron de Ravensbrück, el mayor campo de concentración nazi para mujeres. Entre las reclusas se encontraba Suzanne Bouvard, quien entabló amistad con Simone Séailles, miembro de la resistencia parisina. En la vida y en la muerte, las dos mujeres unieron sus destinos. Después de la guerra, Suzanne decidió rehacer su vida plantando manzanas como forma de sanar y olvidar el infierno.
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