
El segundo mandato de Donald Trump ha desatado una ofensiva sin precedentes contra la prensa en Estados Unidos. Entre ataques verbales, restricciones en las acreditaciones y presión financiera, los medios públicos —especialmente vulnerables por su dependencia de fondos federales— enfrentan una batalla por su supervivencia. La pregunta es inevitable: ¿se puede informar con independencia bajo este nivel de presión?
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