
En las montañas que unen a Tailandia, Myanmar y Laos, el histórico “reino del opio” se ha transformado en una megaplanta clandestina de drogas sintéticas. Metanfetamina y ketamina se producen allí a escala industrial para abastecer a Asia y otros mercados, en un territorio donde milicias birmanas, fuerzas tailandesas y redes criminales chinas libran una guerra silenciosa que ya supera, en volumen, la producción latinoamericana, incluida la de los carteles mexicanos.
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