

La admisión de ARBA sobre los saldos a favor crónicos no es una anécdota: es la punta del iceberg de un sistema de percepciones y retenciones sobredimensionadas que financia a los fiscos con capital privado, licúa derechos y frena inversión.


La admisión de ARBA sobre los saldos a favor crónicos no es una anécdota: es la punta del iceberg de un sistema de percepciones y retenciones sobredimensionadas que financia a los fiscos con capital privado, licúa derechos y frena inversión.
