

Usamos la fiebre global por el cómputo como una nueva ronda de extractivismo, esta vez de energía y datos, o la convertimos en el punto de partida de una estrategia de desarrollo basada en capacidades tecnológicas propias.


Usamos la fiebre global por el cómputo como una nueva ronda de extractivismo, esta vez de energía y datos, o la convertimos en el punto de partida de una estrategia de desarrollo basada en capacidades tecnológicas propias.
