Filipinas enfrenta un nuevo golpe. Menos de una semana después del paso del tifón Kalmaegi, que dejó más de 200 muertos y vastas zonas devastadas, el país vuelve a quedar expuesto a un fenómeno natural extremo. La tormenta Fung-wong se transformó en supertifón al acercarse al archipiélago, con vientos sostenidos de 185 kilómetros por hora y ráfagas que alcanzan los 230.
