El Salvador de Nayib Bukele combina seguridad récord y concentración del poder en una sola mano. Mientras bajan los homicidios y la aprobación del presidente supera el 80%, se multiplican el miedo a hablar, el exilio de medios de comunicación como El Faro, la criminalización de activistas y se impone un andamiaje legal que estrangula iniciativas en desacuerdo con el Gobierno.
