El derrumbe del techo en la estación de Novi Sad el 1 de noviembre de 2024, que dejó 16 muertos, ha desatado una ola de indignación en Serbia. Cientos de manifestantes se congregaron en Belgrado para apoyar a los familiares de las víctimas, entre ellas a Dijana Hrka, una madre que inició una huelga de hambre frente al parlamento exigiendo una investigación y el interrogatorio del presidente Aleksandar Vucic.
