En medio de un frágil alto al fuego, miles de gazatíes viven atrapados entre la esperanza y el miedo. La llamada «línea amarilla», delimitada por Israel, impide el regreso a sus hogares. Solo equipos de rescate y la Cruz Roja pueden cruzarla para recuperar los cuerpos de rehenes israelíes. Mientras tanto, cementerios se convierten en refugios improvisados y las agencias humanitarias alertan sobre la escasez de alimentos, agua y suministros básicos.
