
Aunque el lodo ha desaparecido, las huellas de la tragedia siguen marcando a los habitantes de Valencia. Un año después de la riada que arrasó viviendas y vidas, Rosa Álvarez regresa al lugar donde desapareció su padre. “El agua derribó la pared medianera y por eso lo arrastró. Nunca sabremos si murió en la casa o fuera de ella”, relata. La tragedia dejó no solo pérdidas humanas, sino también una profunda sensación de abandono. “Tienen que asumir que la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos es suya y fallaron», concluyó.
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