
A un año de la tragedia que dejó 229 muertos en Valencia, el dolor sigue presente. Es un día de recuerdo, de silencio contenido y de sentimientos contradictorios. Aunque muchas familias han podido enterrar a sus seres queridos, dos personas continúan desaparecidas y la búsqueda no se detiene. Las secuelas emocionales persisten: estrés postraumático, miedo cada vez que llueve, y una profunda sensación de abandono. La ciudadanía exige justicia y que los responsables enfrenten las consecuencias. Las manifestaciones han pedido la dimisión del presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, cuya gestión ha sido duramente criticada, aunque permanece en el cargo. Desde Valencia, nuestra corresponsal, Marina Colorado, nos informa.
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