
- En Un hombre y Dos mujeres, despliega un díptico que combina contraste, vértigo y libertad formal.
- El autor reflexiona sobre la literatura como lengua viva y cuestiona el libro como “continente industrial” del lenguaje.
- Admirador de César Aira, a quien llama “un dios de la literatura”, reivindica su libertad creativa como modelo.
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