En el norte de Ghana, cientos de mujeres acusadas de brujería viven en cárceles al aire libre. Rechazadas por sus familias y comunidades, estas mujeres se ven obligadas a buscar refugio en los llamados «campamentos de brujas», donde las condiciones de vida son extremadamente difíciles. ONG y políticos trabajan para cerrar estos lugares con condiciones inhumanas y criminalizar las acusaciones de brujería.
