Durante sus dos mandatos presidenciales, «dos semanas» ha sido la unidad de tiempo común en la retórica del presidente estadounidense Donald Trump para anunciar decisiones sobre asuntos tanto locales como internacionales: disputas comerciales, la confrontación con la República Islámica en Medio Oriente o el manejo de la pandemia de COVID-19. Según la lógica de Trump, el plazo de dos semanas no obedece estrictamente a una cronología real, sino que funciona como una promesa indefinida, prorrogable o incluso como una forma de no compromiso que puede terminar en nunca.
