Cerca de 200 aviones de combate lanzaron un ataque en contra de Irán, específicamente a unos 100 objetivos entre instalaciones nucleares y altos mandos. El poderoso jefe de la Guardia Revolucionaria, Hossein Salami, resultó muerto, según los medios estatales iraníes. Irán advirtió que tenía el «derecho legal y legítimo» de responder.
