Beijing ha dejado de ser el prestamista de los países en desarrollo para convertirse en el colector de deuda más grande entre algunos de los países más pobres del mundo, que deberán devolver este año la cifra récord de 22.000 millones de dólares, según un estudio del Instituto Lowy de Australia. Las deudas pondrán en jaque la capacidad de varios países de mantener servicios y escuelas funcionando.
