Cientos de migrantes sin techo, muchos de ellos latinoamericanos y africanos, que se ven obligados a dormir en Barajas, el aeropuerto que sirve a Madrid, han logrado resistir una intensa semana de controles impuestos por la operadora estatal AENA. La situación ha servido de artillería a los gobiernos antagónicos de Madrid y de España, que se culpan mutuamente, mientras el drama humano en la terminal se agudiza.
