Por décadas, reclusorios, basureros y apatía gubernamental marcaron su historia, mientras el estigma de la violencia le valió el apodo de «Iztapalacra». Las llamadas Utopías irrumpieron en el paisaje urbano de Iztapalapa, con mariposarios, muros de escalada, pistas de parkour y foros culturales. No son solo parques, sino centros de transformación que acercan a miles de personas—jóvenes, adultos mayores, familias enteras—a actividades que antes eran exclusivas para las élites.
