Unas dicen que es el trabajo más antiguo del mundo, que nadie podrá acabarlo y que no hay razones para hacerlo. Otras dicen que es una forma de explotación patriarcal y la antítesis del feminismo. La discusión ha cavado una zanja tan honda que, este Día Internacional de la Mujer, los dos grandes colectivos feministas de Madrid volverán a marchar por separado por cuarto año consecutivo.
