
Un mes después de convertirse en la primera mujer en ser nombrada al frente de la Iglesia anglicana, Sarah Mullally fue recibida en el Vaticano por el papa. La visita, que incluyó un momento de oración compartido, apunta a proyectar la unión entre las dos confesiones cristianas, más allá de sus históricas divisiones, principalmente sobre la ordenación de mujeres.
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